lunes, 1 de septiembre de 2014

"Un banquete en la iglesia"








CRONOcromos







"Un banquete en la iglesia"







          Un viajero alemán, Jerónimo Münzer, que visitó España a fines del siglo XV, da su impresión acerca de la vida en Santiago. Dice que <<el pueblo es perezoso y se dedica poco al cultivo de la tierra, ya que vive principalmente de lo que ganan con los peregrinos. El ruido de la gente en la iglesia es tan grande, que aquello parece una feria. Se nota poca devoción. El santísimo apóstol merecería ser venerado con mayor reverencia>>. Vio enterrar un muerto en la iglesia, y para el funeral trajeron <<un pellejo de vino, dos sacos de pan, dos cuartos delanteros de un buey, dos carneros>>. El editor Ludwig Pfandl nota que un viajero inglés observó costumbres semejantes en 1544, al visitar el País Vasco, Castilla, Aragón y Navarra. En Santiago, los familiares de alguien enterrado en la iglesia clamaban junto a su tumba: <<¿Por qué te has muerto? ¿No tenías buenos amigos? ¿No pudieras tener oro, plata, riqueza y buenos vestidos?>>. Una iglesia en aquellos tiempos en nada semejaba a las actuales, aunque todavía no poseemos buenas descripciones de cómo se vivía dentro de los templos españoles. Era costumbre celebrar un banquete fúnebre en la misma iglesia, según dice Münzer y confirma el obispo Antonio de Guevara, en una de sus epístolas: <<No faltará algún hombre rico que se muera, el cual se mande ahí enterrar, y algún treintanario por su alma decir, y en tal caso como éste, podríales, señor Licenciado, juntaros con los que dijeren tales misas, y ayudarles a comer lo que trujeren, y aun a jugar lo que ganaren>>. Que esto no era una broma, sino mera realidad, se prueba por un texto no literario del mismo Guevara:

         "Hallamos tener en costumbre en muchas partes de nuestro obispado [de Mondoñedo] que en los mortuorios que hacen, y el Día de los Finados (que es otro día de Todos los Santos), comen y beben y ponen mesa dentro de las iglesias; y lo que es peor, ponen jarros y platos sobre los altares, haciendo aparador de ellos. Ordenamos y mandamos que nadie sea osado en los semejantes mortuorios y honras, y días de Finados, comer ni beber en las iglesias, pena de que pague cada uno dos ducados, y el cura o rector que lo consintiere, cuatro."






          Sería absurdo interpretar tales hechos como ideas modernas. El templo era casa de Dios, casa de todos y antesala de la otra vida; allí se refugiaban los perseguidos por la justicia, y se producían escenas hoy increíbles. El pecado y la virtud hallaban su unidad en la creencia en la salvación, lo mismo dentro que fuera de la iglesia. Claro está que a pesar de ese marco genérico, la religión tomó en cada país una dirección particular. España acentuó mucho la familiaridad con lo divino, y sus iglesias eran verdaderos clubs aún en los siglos XVI y XVII. Un concilio mexicano de 1555 manda <<que no se hagan velas en las iglesias de noche, ni coman, ni beban, ni hagan danzas, ni otras cosas inhonestas, donde se siguen muchos escándalos>>.
          Aparte de que sea cierto cuanto notaron esos viajeros y censuró el obispo de Mondoñedo, la verdad es que no había motivo para asombrarse demasiado, porque lo mismo acontecía en otros países. Es probable que la comida funeraria llamara más la atención, no tanto por ella misma como por el ambiente en que acontecía, y quizás en el siglo XVI no fuera tan frecuente en el extranjero como en España... La costumbre de la comida fúnebre hace ver, una vez más, la ineficacia de las prohibiciones eclesiásticas para modificar los usos de las gentes; lo mismo que prohíbe el obispo de Mondoñedo venía prohibiéndose desde hacía mil años. Ignoro cuándo se extinguió la comida fúnebre en España.




















Fotografías de enriqueponce, tomadas en el "Museo Diocesano de Jaca".
Texto, extraído de "España en su historia", de Américo Castro.





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