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viernes, 15 de mayo de 2026

"Oswaldo Guayasamín"

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Oswaldo Guayasamín.
Quito, Ecuador, 1919-99.

"Para nosotros, los indios, la muerte es una consecuencia de la vida
y enterramos a los muertos como se entierra una semilla".























"En la sierra mexicana de Nayarit había una comunidad que no tenía nombre. Desde hacía siglos andaba buscando nombre esa comunidad de indios huicholes. Carlos González lo encontró, por pura casualidad.

Este indio huichol había venido a la ciudad de Tepic para comprar semillas y visitar parientes.

Al atravesar un basural, recogió un libro tirado entre los desperdicios. Hacía años que Carlos había aprendido a leer la lengua de Castilla, y mal que bien podía. Sentado a la sombra de un alero, empezó a descifrar páginas. El libro hablaba de un país de nombre raro, que Carlos no sabía ubicar pero que debía estar bien lejos de México, y contaba una historia de hace pocos años.

En el camino de regreso, caminando sierra arriba, Carlos siguió leyendo. No podía desprenderse de esta historia de horror y de bravura. El personaje central del libro era un hombre que había sabido cumplir su palabra.

Al llegar a la aldea, Carlos anunció, eufórico:

—¡Por fin tenemos nombre!

Y leyó el libro, en voz alta, para todos. La tropezada lectura le ocupó casi una semana.

Después, las ciento cincuenta familias votaron.

Todas por sí. Con bailares y cantares se selló el bautizo.

Ahora tienen cómo llamarse. Esta comunidad lleva el nombre de un hombre digno, que no dudó a la hora de elegir entre la traición y la muerte.

—Voy para Salvador Allende -dicen, ahora, los caminantes."


Eduardo Galeano en el "El nombre encontrado".






miércoles, 15 de abril de 2026

"Joaquín Sorolla"

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Joaquín Sorolla Bastida
Valencia, 1863-1923.



Fotografía de Gertrude Käsebier.














A la caída de la tarde te preparas una copa, pones la música que te gusta, la que te recuerda los momentos más felices, y si desde el fondo de la memoria llegan las lágrimas, te dices, no pasa nada, ya verás, todo irá bien, todo va a ser como antes. Suena Chet Baker, canta Ray Charles. La pena es azul. Eso es el blues.

Puede que alguna lágrima baje a diluirse con la ginebra que te moja los labios, una fusión que te lleva a lejanos besos con sabor a vainilla. Pese a todo no hay por qué estar triste. Ha llegado el verano y cuando vuelvas al mar nada habrá cambiado, ese mar sabe tu nombre, ya verás, todo va a ser como antes y aunque ya no puedas bañarte en las aguas azules, otros lo harán por ti y desde cubierta podrás contemplar con el mismo placer sus cuerpos explosivos saltando desde la borda. Si esta noche de San Juan te tumbas en la playa debes saber que la arena que sirve de lecho a tu cuerpo contiene en cada grano el universo entero;

cierra los ojos si quieres ver por dentro todo el cielo estrellado.

Cuando oigas muy cerca risas orgiásticas alrededor de una hoguera piensa que esa alegría, que nadie sabe de dónde viene, es realmente el trébol de cuatro hojas que ibas buscando desde niño. La brisa cargada de sal llegará de muy lejos, resbalará sobre tu piel gastada por el tiempo para traerte el recuerdo de todos los que se fueron. La noche de San Juan es la más breve del año.

Pronto verás que la línea del horizonte se inflama, que el mar toma una tonalidad de plata para volverse lentamente del color de un vino homérico. Enseguida con la majestad consabida saldrá el sol. No te equivoques. Ese es el sol que sale para todo el mundo. Se trata de una bomba de hidrógeno. El tuyo, ese sol que está hecho a tu medida es el mismo del de Pitágoras cuya luz te hará ver la armonía de todas las cosas, pero solo saldrá si lo mereces y lo llamas para llevarlo siempre en el cerebro bajo el sombrero de paja. Suena Chet Baker. Ya verás, todo irá bien, todo

será como antes.


Manuel Vicent.























miércoles, 15 de octubre de 2025

"Edward Hopper"

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Edward Hopper
Nyack, New York, EEUU.
1882-1967


Autorretrato.









Al cabo, son muy pocas las palabras
que de verdad nos duelen, y muy pocas
las que consiguen alegrar el alma.
Y son también muy pocas las personas
que mueven nuestro corazón, y menos
aún las que lo mueven mucho tiempo.
Al cabo, son poquísimas las cosas
que de verdad importan en la vida:
poder querer a alguien, que nos quieran
y no morir después que nuestros hijos.



















Poema "Al cabo" de Amalia Bautista.
Obra de Edward Hopper.