miércoles, 12 de noviembre de 2014

"Yo soy..."






UN bAZAR DE OBRAS









YO SOY...



mis alas?
dos pétalos podridos

mi razón?
copitas de vino agrio

mi vida?
vacío bien pensado

mi cuerpo?
un tajo en la silla

mi vaivén?
un gong infantil

mi rostro
un cero disimulado

mis ojos?
ah! trozos de infinito














SOLAMENTE


ya comprendo la verdad

estalla en mis deseos

y en mis desdichas
en mis desencuentros
en mis desequilibrios
en mis delirios

ya comprendo la verdad

ahora
a buscar la vida














Trozos de infinito, en 2014.







Fotografías de enriqueponce.
Título y textos, extraídos de "Poesía completa", de Alejandra Pizarnik.





jueves, 6 de noviembre de 2014

"Elliot Erwitt"






LOS CAZADORES deMENTES





Elliot Erwitt
París, 1928



Autorretrato.


















"Mi familia y otros animales"








          Dodo pertenecía a una raza llamada dandy dinmont. Estos perros son algo así como largos y obesos globos cubiertos de pelo, con diminutas patitas torcidas, ojos enormes y protuberantes y largas orejas caídas. Lo curioso es que fue Mamá quien introdujo en la casa esta raza estrafalaria y contrahecha. Un amigo nuestro poseía una pareja de dichos animales que, tras varios años de esterilidad, engendró una camada de seis cachorros. El pobre hombre estaba desesperado intentando buscarles buenas casas a todas aquellas crías, y Mamá, llevada de su carácter bondadoso e impulsivo, se ofreció a quedarse con uno. Una tarde fue a elegir su cachorro y, sin pararse a pensarlo, escogió una hembra. En aquel momento no consideró lo imprudente que sería meter una perra en una casa poblada exclusivamente por canes viriles. Agarrando debajo del brazo aquella especie de salchicha semiconsciente, Mamá subió al coche y regresó triunfalmente a la villa para presentarnos al nuevo inquilino. El cachorro, decidido a hacer de la ocasión una fecha memorable, padeció un mareo violento e ininterrumpido desde el momento de entrar en el coche hasta el momento de salir. La familia, congregada en la terraza, contempló cómo el trofeo de Mamá se arrastraba sendero arriba, con los ojos desorbitados, las orejas pendulando al desgaire, las diminutas patas luchando con denuedo por mantener en movimiento el cuerpo informe, y parándose de trecho en trecho para vomitar sobre las flores.
         -Oh, ¿no es encantador?- exclamó Margo.
        -¡Santo Dios! ¿Qué horror!- dijo Larry, contemplando a Dodo con repugnancia-. ¿De dónde has sacado ese Frankenstein canino?
         -Pero si es un perrito encantador- repitió Margo-. ¿Qué le encuentras de malo?
        -No es perrito, es perrita- dijo Mamá, contemplando con orgullo su adquisición-; se llama Dodo.
      - Pues peor todavía me lo pones- dijo Larry-. Es un nombre detestable para un animal, y meter una perra en una casa con esos tres libidinosos por en medio son ganas de buscarse complicaciones. Pero además, ¡qué espanto! ¡Qué cosa tan informe! ¿Y cómo es que es así? ¿Ha sufrido un accidente, o le viene de nacimiento?
         -No seas bobo, querido, es la raza. Tienen que ser así.
         -Tonterías, madre, eso es un monstruo. ¿Quién puede haber criado deliberadamente una cosa de esa forma?
          Yo señalé que los dachshunds tenían una forma muy semejante, obtenida con el fin de que se pudieran meter en las madrigueras de los tejones. Probablemente el dandy dinmont había sido criado para algo similar.
          -Lo habrán criado para meterse por las cloacas- dijo Larry.
          -No seas asqueroso, hijo. Son unos perritos muy simpáticos, y muy leales, según dicen.
       -Naturalmente que tendrán que ser leales a cualquiera que se interese por ellos; no creo que puedan contar con muchos admiradores en el mundo.
         -No tienes por qué denigrarla de ese modo, y además tú no eres quien para hablar de belleza; al fin y al cabo no es el exterior lo que importa, y antes de tirar piedras contra el tejado ajeno deberías ver la viga en el tuyo- dijo Margo triunfante.
          Larry se quedó perplejo.
          -¿Es eso un refrán o una cita de la Gaceta del Constructor?- preguntó.
          -Creo que se refiere a que en boca cerrada, cuchillo de palo- dijo Leslie.
          -Me dais náuseas- dijo Margo con aires de reina ofendida.
          -Pues ahí tienes las flores para aliviarte como la pequeña Dodo.
          -Vamos, vamos- dijo Mamá-, no os pongáis a discutir. Es mi perrita y a mí me gusta, y no hay más que hablar.






          De modo que Dodo se instaló en casa, mostrando casi de inmediato una serie de defectos en su constitución que nos daría más trabajo que los de todos los demás perros juntos. Para empezar, le fallaba una de las patas traseras, y a cualquier hora del día o de la noche se le salía la articulación de la cadera, sin motivo aparente. Dodo, que no era ninguna estoica, acogía la catástrofe con una serie de taladrantes alaridos que subían en crescendo hasta intensidad tal que no había oído que lo aguantara. Lo extraño era que la pata no parecía molestarle nunca cuando salía de paseo, o cuando en la terraza retozaba con elefantino entusiasmo detrás de una pelota. Pero por la tarde, cuando toda la familia estaba pacíficamente sentada y absorta en sus tareas de escribir, leer o hacer punto, la pata de Dodo se salía de repente de su sitio, ella se revolcaba tripa arriba y exhalaba un berrido que hacía a todo el mundo saltar hasta el techo y perder el control de lo que estuviera haciendo. Cuando a fuerza de masajes le reintegrábamos la pata a su posición, Dodo ya estaba exhausta de berrear y se sumía inmediatamente en un sueño dulce y apacible, dejándonos a los demás con los nervios tan desechos que no podíamos concentrarnos en nada durante el resto del día.
          Pronto descubrimos que Dodo tenía una inteligencia muy limitada. En el cerebro no le cabía más que una idea cada vez, idea que Dodo retenía tenazmente contra viento y marea. En un momento muy temprano de su carrera decidió que Mamá le pertenecía, pero no extremó su afán de posesión hasta el día en que Mamá se fue al pueblo de compras y la dejó en casa. Convencida de que no volvería a verla, Dodo se abandonó al dolor y se dedicó a renquear por toda la casa entre aullidos lastimeros, sufriendo a veces tales accesos de congoja que la pata se salía de su sitio. Acogió el regreso de Mamá con incrédulo alborozo, pero se prometió a sí misma que a partir de aquel momento no la perdería de vista, no fuera a ser que volviese a escaparse. Para ello se le pegó con la tenacidad de una lapa, sin apartarse de ella más allá de medio metro como mucho. Si Mamá se sentaba, Dodo se echaba a sus pies; si Mamá tenía que levantarse y cruzar la habitación en busca de un libro o un cigarrillo, Dodo la acompañaba, y luego regresaban juntas y se volvían a sentar, Dodo dando un hondo suspiro de satisfacción porque una vez más había frustrado los intentos de evasión de Mamá. Insistía, incluso, en estar presente en sus baños, y sentada melancólicamente junto a la bañera la contemplaba con incómoda fijeza. Todo intento de dejarla afuera tenía por resultado que se pusiera a aullar como loca y a arrojarse contra la puerta, con lo cual casi indefectiblemente se le salía la pata de su sitio. Parecía estar persuadida de que no era prudente permitir que Mamá entrara sola en el cuarto de baño, ni siquiera montando guardia a la puerta. Debía de pensar que siempre había la posibilidad de que Mamá le diese esquinazo deslizándose por el sumidero.






          Al principio, Roger, Widdle y Puke la trataron con despectiva condescendencia; no podía tenerla en mucha estima, porque era demasiado gorda y paticorta para acompañarles en sus caminatas, y si intentaban jugar con ella parecía darle un ataque de manía persecutoria y salía galopando para casa, aullando en busca de protección. En general se inclinaban a considerarla como una mera adicción aburrida y superflua para la familia, hasta que descubrieron que tenía una característica superlativa y absolutamente deliciosa: la de ponerse en celo con monótona regularidad. La propia Dodo manifestaba una inocencia un tanto patética de las cosas de la vida. Se la veía no ya perpleja, sino verdaderamente asustada ante sus repentinos estallidos de popularidad, cuando sus admiradores acudían en tal número que Mamá tenía que ir con ella armada de un garrote. Fue esta inocencia victoriana lo que hizo que Dodo sucumbiera fácilmente al encanto de las magníficas cejas rubias de Puke, encontrándose con un destino cien veces peor que la muerte la tarde en que Mamá tuvo el descuido de dejarlos a ambos encerrados en el cuarto de estar mientras supervisaba la preparación del té. La llegada imprevista del cura inglés y su esposa, su paso a la habitación donde la feliz pareja daba rienda suelta a sus ímpetus y los esfuerzos consiguientes por mantener una conversación normal bastaron para dejar a Mamá desmadejada y con un espantoso dolor de cabeza.
          Para sorpresa de todo el mundo (Dodo incluida) nació un cachorro de aquella unión, una extraña y lloriqueante plasta de criatura con la figura de su madre y el curioso pelaje marrón y blanco de su padre. Para Dodo, convertirse en madre de la noche a la mañana fue una experiencia traumática que casi le costó una crisis de nervios, porque se veía desgarrada entre el deseo de permanecer en un sitio con su cachorro y la urgencia de mantenerse pegada a Mamá. Pero nosotros no nos dábamos cuenta de su conflicto interior. Al fin optó por una solución de compromiso, y seguía a Mamá a todas partes con el cachorro en la boca. Llevaba toda una mañana así cuando descubrimos sus pretensiones; el desgraciado perrillo iba colgando de su boca por el cuello, con el cuerpo oscilando de aquí para allá mientras Dodo trotaba detrás de su ama. Visto que ni regaños ni súplicas surtían efecto, Mamá tuvo que recluirse en su alcoba con madre e hijo, y nosotros llevarles la comida de los tres en una bandeja. Pero ni eso eliminó el problema, porque si Mamá se levantaba de su asiento, Dodo, siempre alerta, agarraba a su cachorro y se sentaba a vigilarla ojo avizor, dispuesta a salir andando si fuera preciso.
          -Si esto sigue así por mucho tiempo, ese cachorro acabará convirtiéndose en jirafa- observó Leslie.
          -Ya lo sé, pobrecito mío- dijo Mamá-; ¿pero qué quieres que haga? No puedo ni encender un cigarrillo sin que lo coja.
          -Lo más sencillo sería ahogarlo- dijo Larry-. De todos modos, si llega a adulto va a ser un animal horripilante. No hay más que ver a sus padres.
          -¡Ay de ti como lo intentes!- exclamó Mamá indignada.
          -No seas horrible- dijo Marga-; pobre criaturita.
     -Como queráis, pero esto de dejarse encadenar a una silla por un perro es una situación absolutamente ridícula.
          -El perro es mío, y si me apetece estar aquí sentada lo estaré- dijo Mamá con firmeza.
          -¿Pero hasta cuándo? La cosa puede prolongarse durante meses enteros.
          -Ya se me ocurrirá algo- dijo Mamá muy digna.
          Y al fin se le ocurrió una solución sencilla: contratar los servicios de la hija menor de la criada para llevarle el cachorro a la perra. Este arreglo le pareció muy bien a Dodo, y de nuevo pudo Mamá moverse por la casa. Deambulaba de una habitación a otra como un potentado oriental, con Dodo pisándole los talones y la joven Sofía al final del cortejo, con la lengua afuera y ojos desorbitados del esfuerzo, llevando en sus brazos un enorme almohadón sobre el que reposaba el extraño vástago de Dodo. Cuando Mamá iba a permanecer un ratito en algún sitio, Sofía depositaba reverentemente el almohadón en el suelo, y Dodo trepaba encima y daba un hondo suspiro. En cuanto Mamá se disponía a trasladarse a otra parte de la casa, Dodo se tiraba al suelo, se sacudía y ocupaba su puesto en el desfile, mientras Sofía alzaba el almohadón con tanto cuidado como si de una corona se tratase. Mamá oteaba por encima de sus gafas para comprobar si la columna estaba a punto, y a un gesto suyo todos se ponían en marcha hasta la parada siguiente.
          Todas las tardes Mamá salía de paseo con los perros, y la familia se divertía muchísimo viendo su partida monte abajo. Abría el desfile Roger, como perro de más edad, seguido por Widdle y Puke. Luego iba Mamá, tocada con un inmenso sombrero de paja que le confería el aspecto de una seta andante y armada con un desplantador con el que arrancar cualquier planta silvestre interesante que encontrase. Tras ella renqueaba Dodo, con los ojos saliéndose de las órbitas y la lengua colgante, y Sofía cerraba la marcha a paso solemne, portadora del cachorro imperial en su almohadón. Larry lo llamaba el Circo de Mamá, y le tomaba el pelo vociferando desde la ventana:
          -¡Ohé! Señora, ¡a qué hora empieza la función?












*     *     *









Fotografías de Elliot Erwitt.
Título y texto, extraído de "Mi familia y otros animales", de Gerald Durrell.





sábado, 1 de noviembre de 2014

"El puto amo"






OPINION.es




Nico: el "puto amo"


Imagen: "El Intermedio" (Programa de TV, presentado por el Gran Wyoming).


          El pequeño Nicolás, con tan sólo 20 años, ha logrado poner a la sociedad española en la incómoda situación entre la admiración, el estupor y la vergüenza. En plena crisis global/capitalista/occidental, acentuada en la Europa meridional donde el neo-liberalismo intenta entrar a pasos de un elefante en una cacharrería, y en un país que se debate entre un pseudo-recate financiero, una expoliación ciudadana de hechos y derechos, y una galopante corrupción encabezada por la chirigota de la clase política -antiguos caciques hoy reconvetidos en demócratas de medio pelo- surge la figura del "insigne infante Nicolás" reencarnando al más preciado de los pícaros de nuestro Siglo de Oro: "El Lazarillo de Tormes". Con sus tretas, promesas y sobornos no tan sólo ha llegado a encandilar a sus compañeros de colegio elitista -embadurnados ellos de brillantina, embutidos en jerseyes Lacoste y tan embobados en el aparentar, con el éxito y sus otras menudencias- sino que además engatusó a empresarios, gobierno y corte en tejemanejes no menos infantiles como los de ellos mismos.


Nico en el besamanos de la proclamación de Felipe VI como Rey de España.
(Su hermana la Infanta Cristina ha sido imputada por los delitos de "cooperación necesaria o complicidad",
junto a su marido Iñaki Urdangarin que lo está por "prevaricación, trafico de influencias,
falsedad documental, fraude a la administración y malversación"
.)

Nico con Mariano Rajoy, ex-Ministro (varias carteras), ex-Vicepresidente,
y actual Presidente del Gobierno de España.

("Salen unos pequeños hilitos... con aspecto de plastilina..."
declaraciones en 2002 sobre el naufragio del Prestige
y la que fue posteriormente la marea negra que asoló la costa gallega.)

Nico con José María Aznar, ex-Presidente de España.
("El régimen iraquí tiene armas de destrucción masiva"
declaraciones del 2012 en la campaña previa la la invasión de Iraq)


          Pero no es mi intención aquí enumerar sus andanzas, ni tan siquiera hacer crónica ni apología de sus fechorías -ya lo hizo Quevedo explícitamente más y mejor antaño- sino destacar uno de sus métodos que, aunque no novedoso, cumplió a las mil maravillas la función para el que lo elaboró: su álbum de fotos. Este bufonesco punto en la i de la corruptela latina y sin vergüenza alguna se hizo fotografiar con cada uno de los personajes que dicen ser alguien en la vida pública/política del momento, y con ellos elaboraba una agenda/hoja de contactos y suplantación que le servía de pasaporte para abrir la puerta del siguiente financiero, alcalde, presidente, ex-alto cargo y hasta de la cúpula del nuevo monarca hispalense. Y a través de una ficticia empresa de nuevo emprendedor, con la que traficaba en favores e influencias a comisión, avaló con sus posados la mascarada de un máster en mentiras.
          Tampoco pretendo aquí alabar su ingenua originalidad. Ya desde Francis Galton o Arthur Batut con sus seres totales, Nanci Burson y las icono/star, Cindy Sherman y sus féminas estereotipadas, Joan Fontcuberta y la falsa certificación, Woody Allen con su múltiple personalidad, Yasumasa Morimura a través de la reencarnación ubicua, u otras propuestas de desenmascaramiento artísticas, antropológicas o amateurs -que hoy encontramos en la red fácilmente- han sido múltiples y específicas las maneras en que a través de la fotografía alguien ha querido mentir sobre sí mismo u otros, o ser un algo más allá de quien se es de hecho. Sin ir más lejos ya cada uno de nosotros mismos frente al objetivo cargamos con la culpa original al pretender posar otro ser, distinto, más público y aceptado, desde el mismo momento en que tememos ser inmortalizados por un instante -de hecho hay una profesión muy específica y lucrativa de este acto: el negocio de ser modelo de la falsa perfección-. Pero el construirse una vida avalada por la certificación absoluta de la imagen fotográfica y hacer un uso lesivo -o no- de ello, hay que reconocer que es una genialidad personal del pequeño Nicolás. Osadía tan sólo comparable en mi aprecio -no en el aspecto ético por supuesto- a aquel fotógrafo ciego, australiano, cuya referencia ahora duerme perdida entre los millones de líneas que guardan mi biblioteca y que jamás he podido volver a hallar.
          En contra de lo que pareciere, las herramientas de Nico no fueron el descaro, las mentiras, su agenda, contactos, triquiñuelas o el dinero. Su fuerza radicó en utilizar fotografías que no dicen nada y que por lo tanto no saben mentir pero tampoco decir la verdad, en usarlas como cheques en blanco que todos deseaban firmar, como Visas-Oro que a todos deslumbraban, como tarjetas de visita que abría la puerta de Alí-Babá, o como recomendaciones mudas en una corte donde todos alavaban el traje nuevo de un rey desnudo. Y lo hizo con el arma más inocente pero de mayor manipulación masiva que la tecnología nos ha proporcionado, la que causa más estragos ciegos -a pesar de su visibilidad- y daña colateralmente que cualquier enfermedad mortal: la fotografía. Porque ésta es capaz de transformarnos en laicos creyentes a su pesar y debido a su potencial, pero mayormente porque somos unos analfabetos visuales -como los ojos nos vienen de serie damos por hecho que sabemos ver, y obviamos que hay múltiples maneras de mirar, por lo que los variables modos de ver no implícitos son una carencia que estamos obligados a subsanar si deseamos alcanzar una higiénica cultura general-. Aún así es resaltable que en su método fuera un profano al medio, e instintivamente no recurriera a la metodología digital del photoshop, ni tan siquiera usó la manipulación del collage, por contra reafirmó rotundamente su presencia a través de la característica instantánea analógica para conseguir una autenticidad incuestionable, pues con cualquier otra técnica podría haberse visto desenmascarado socarronamente.


Nico con Rodrigo Rato, ex-ministro, ex-Vicepresidente segundo,
ex-Presidente del FMI y ex-Presidente del Consejo de Administración de Bankia.
(Bankia es el nombre de la entidad financiera filial del Banco Financiero y de Ahorros -BFA-
que en 2012 el Gobierno español rescató nacionalizando,
y hubo de inyectar un capital de 22.424 millones de euros para evitar su quiebra.)

Nico con Ana Botella, Alcaldesa de la Villa de madrid.
("El matrimonio entre homosexuales es tratar de la misma manera lo que es diferente.
Si se suman dos manzanas, pues dan dos manzanas,
y si se suman una manzana y una pera,
nunca pueden dar dos manzanas porque son dos componentes distintos.
Hombre y mujer es una cosa, que es el matrimonio,
y dos hombres o dos mujeres serán otra cosa distinta"

Declaraciones en oposición del matrimonio gay en 2011).

Nico con Esperanza Aguirre, ex-Ministra, ex-Presidenta del Senado
y ex-Presidenta de la Comunidad de Madrid.

("...me suena la cara del pequeño Nicolás." el joven detenido y puesto en libertad por,
entre otras cosas hacerse pasar por miembro del Centro Nacional de Inteligencia.)

          Si en vez de enseñar a nuestros niños a leer y escribir por obligación les inculcáramos devoción no llegaríamos al fracaso intelectual una vez adultos. Instalados ahí usamos únicamente estos conocimientos para signar documentos de propiedad, o leer simplezas manipuladas y desinformativas, o para empaparnos de artículos hedonistas en formato tecnicolor de supuestos bienestares materiales -pareciera que la única diferencia entre niños y adultos de esta sociedad radicara cada vez mas en el precio de sus juguetes-.  La fotografía es sí es inocente pero su uso puede ser perverso -por eso no es nada extraño encontrarse hasta los de este mismo gremio disparando fogueo con sus cámaras/colt-, en sí misma no narra nada pues carece de semiótica pero provoca un cúmulo de historias en nuestra mente más allá de su origen, por sí misma es incapaz de especificar fecha o lugar pero es una nave nodriza que traspasa tiempos y espacios, ella misma no es más que un objeto oxidado de un fiel reflejo o una sombra pero su luz es capaz de cegarnos, aunque debido a su uso indiscriminado, ubicuo, democrático y sencillo encubre todos sus matices pervirtiendo una fortaleza excelsa, y por eso usada o visualizada por manos inocentes puede poseer un poder desmesurado.
          Así, cuando Nicolás se propone lo que se propone, ni piensa ni duda que el único medio de garantía a su alcance es un álbum de retratos, pero lo que ignoraba es que el aval de sus posteriores actos ya no será responsabilidad de aquél, que la vida social está más allá de las ideas o los propósitos, que fuera de la imagen fija está la caótica e impredecible vida real, y que si todo este quehacer hubiese sido un proyecto artístico simple y llanamente yo me apuntaría a lo que un compañero suyo declaró entusiasmado: ¡Es el puto amo!. Pero habiendo sido Nico educado en el hostil ambiente del hedonismo individualista, el éxito fácil, el materialismo sentimental, la cortedad altruista, la ceguera intelectual, la interesada filantropía y/o el credo monetarista, por contra le abogo un futuro fuera de los libros de historia o arte, y sí creo que acabará en cambio en un lugar donde sientan sus fueros todos los "chorizos" de este patrio suelo -tan productivo en cerdos ibéricos-: un consejo de administración.




Texto de enriqueponce.
Fotografías del álbum de Francisco Nicolás Gómez Iglesias.




*    *    *



Nico viral  :  














Imágenes bajadas de la red.