lunes, 6 de abril de 2015

"Amedeo Modigliani"







ARTEsana





Amedeo Modigliani
Livorno, Italia. 1884-1920




Foto bajada de la red.







"Una historia de pasión, locura y muerte"







































          Es el día 24 de Enero de 1920, en el Hospital de la Caridad, en París, Amedeo Modigliani acaba acaba de morir de meningitis tuberculosa. Antes de ser internado ha pasado una semana gravemente enfermo en su estudio de la calle Grande Chaumiére en Montparnasse. Unos vecinos se preocupan al no verlo desde hace días y golpean a la puerta. Lo encuentran en la cama. Agoniza. A su lado, sin dejar de tomarle la mano, está Jeanne Hébuterne que se encuentra embarazada de ocho meses. Durante esa semana no han recurrido a nadie. Viven en un estado de completa miseria, y han alcanzado el grado de inanición.

          Amedeo Modigliani es italiano, hijo de un prestamista que se arruina por comprender las necesidades de sus clientes y no cobrarles. Su madre enseña en escuelas y escribe cuentos. Tiene tres hermanos con los que comparte la pobreza de toda su familia. Durante su adolescencia, después de padecer algunas enfermedades, contrae la tuberculosis que lo llevará a la muerte años más tarde.
          Amedeo, que ha nacido en Livorno el 12 de julio de 1884, viaja a Florencia y Venecia para aprender pintura. Más tarde irá a la ciudad con la que se identificará: París. Allí comienza una nueva vida que lo convierte en el prototipo del artista bohemio: mujeres, pobreza, alcohol, drogas.
          Su magnetismo con la mujeres lo lleva a experimentar constantes romances con mujeres de todos los niveles sociales. Comienza una relación seria cuando conoce a Beatrice Hastings, seudónimo de Alice Emily Haig. Ella es inglesa, escritora y crítica literaria. En el momento en que se relaciona con Modigliani, Beatrice es una de las figuras del movimiento literario parisino. Excéntrica, exhibicionista y bisexual, vive con el pintor durante dos años en un apartamento de Montparnasse y le sirve de modelo en varios cuadros.
          Modigliani se emborracha o se droga continuamente. Borracho o drogado se muestra violento y termina por caer en estado de profunda tristeza. Permaneciendo normal se le ve bastante tímido, agradable y seductor. Le gusta hablar de sus libros preferidos, que cita de memoria: "Los cantos de Maldoror" del conde de Lautreamont, o de "La Divina Comedia" de Dante. Los problemas de salud nunca le abandonan. Sintiéndose, sobre todo, escultor debe dejar de esculpir porque el polvo le afecta. Tampoco puede alistarse en el ejército al comenzar la Primera Guerra Mundial. Su vida transcurre entre un largo recorrido por los bares de París, los romances y la venta de sus cuadros por precios suficientes para comprar lo mínimo de comida y todo lo posible de alcohol y drogas. El esoterismo y la astrología lo atrapan y son dos de los principales temas de sus conversaciones en los cafés, a los que diariamente va.

          Tiene 32 años cuando conoce al marchante Leopold Zborowski, que hace varias cosas por Amedeo: actúa como su amigo, le organiza la primera exposición en 1917, que es clausurada porque los desnudos presentados ofenden la moral pública, se hace pintar varios retratos por los que paga unos centavos, y se hace millonario a la muerte de Modigliani. Pero tiene mala suerte y se arruina en 1929 con el crac de la bolsa de Nueva York, y termina muriendo en la pobreza.
          Es en ese momento en el que su amiga y ex-amante, la escultora Chana Orloff, le presenta a una joven de 18 años que ha posado para Foujita, el pintor japonés. Ella es Jeanne Hébuterne.


Jeanne Hébuterne.
Foto bajada de la red.

          Jeanne en compañía de su hermano André, también pintor, se relaciona con la comunidad artística de Montparnasse. Ella ha nacido en la ciudad de Meaux, y tiene un padre culto que trabaja de cajero de una mercería. Jeanne está estudiando pintura y posa para ganar algún dinero. En Marzo de 1917 le presentan a Modigliani y se enamora perdidamente de él. Su padre al enterarse se enoja con Jeanne y deja de enviarle dinero. Es un hombre de costumbres austeras, católico, y no está dispuesto a que su hija tenga relaciones con un judío borracho y libertino.
          A pesar de todo Jeanne se va a vivir con Amedeo en el taller de Montparnasse que le ha alquilado Zborowski. Es una muchacha muy bella, tranquila, delicada, amable. En el Otoño del año siguiente viajan a Niza, en la Riviera francesa, Zborowski le ha dicho a Modigliani que es un buen lugar para vender sus cuadros de desnudos. Allí hay muchos ricos. Pero todo es un fracaso. En ese mismo año de 1918 es internado en una clínica para ser tratado de su tuberculosis. Mientras él trata su enfermedad, Jeanne da a luz una niña a la que pone su nombre. Amedeo le dice a Jeanne que no está en condiciones de mantenerla y la convence para que la entregue a un asilo. La niña nunca fue dada en adopción, la adoptará años después la hermana de Modigliani. Jeanne, ya convertida al casarse en Jeanne Hébuterne Modigliani de Nechstein, escribirá la más importante biografía sobre Modigliani: "Modigliani, hombre y mito".
          
          Sin detenerse en sus adicciones pinta todo el tiempo, es capaz de terminar un cuadro en dos horas, su inspiración y talento se lo permiten Es uno de lo más grandes pintores europeos, pero vive en la miseria. Algunas veces él y Jeanne reciben dinero que uno u otro amigo adinerado les dan, pero siempre es ocasional. Modigliani vive en un torbellino y Jeanne es arrastrada junto a él. Ella lo sigue de forma incondicional, todo lo acepta y lo soporta. Su amor por Amedeo es tan intenso como el de él por ella. Tan cierta es la fuerza del amor que los une que en esos años todos quienes los conocen sólo hablan de eso. En un segundo plano quedan los comentarios sobre las descomunales borracheras de Modigliani que lo persiguen desde siempre. Son llamados "los amantes de Montparnasse".
          Destruido por la enfermedad y los excesos, Modigliani alcanza los niveles más bajos de la destrucción física y psíquica. En la última semana que le queda de vida no puede moverse de la cama. Jeanne no sale ni un momento del cuarto. Ni él ni ella comen. Es como si los dos se resignaran a una muerte inevitable. Nadie los ayuda porque nadie sabe lo que está sucediendo. Cuando intervienen los vecinos, el médico sólo puede certificar el estado agónico del paciente.
          
          El 24 de Marzo de 1920, a los 35 años, muere Modigliani. Su entierro es uno de los más concurridos de la historia de París. Todos los artistas de Montmatre y Montparnasse acuden a despedirle.
          Jeanne Hébuterne embarazada de ocho meses en la noche de la muerte de Modigliani, se suicida arrojándose al vacío desde el quinto piso de la casa paterna. El cuerpo cae en el patio interno. El portero lo levanta y lo lleva a casa de sus padres, que rechazan el cadáver y cierran la puerta. El portero lleva el cadáver al taller de Montparnasse. No lo dejan entrar. Luego lo deja en la comisaría. En forma anónima, apenas con dos o tres personas acompañando el féretro, es enterrada Jeanne Hébuterne pocos días antes de cumplir 22 años.
          

Jeanne Hébuterne.
Foto bajada de la red.

          Diez años después, Amedeo y Jeanne, son enterrados juntos en la misma tumba.








Obra de Amedeo Modigliani.
Título y texto de Juan Carlos Boveri, extraído de: 
www.juancarlosboverihistorias.com.


jueves, 19 de marzo de 2015

"Nunca volveremos aquí"






UN bAZAR DE OBRAS







"Nunca volveremos aquí"









Que la vida iba en serio
uno lo empieza a comprender más tarde
-como todos los jóvenes, yo vine
a llevarme la vida por delante.

Dejar huella quería
y marcharme entre aplausos
-envejecer, morir, eran tan sólo
las dimensiones del teatro.

Pero ha pasado el tiempo
y la verdad desagradable asoma:
envejecer, morir,
es el único argumento de la obra.






















Un lugar entre 2014 y 2015.









Fotografías de enriqueponce.
Texto NO VOLVERÉ A SER JÓVEN,
 extraído de "Las personas del verbo", de Jaime Gil de Biedma.




viernes, 13 de marzo de 2015

"Invierno reflejo"







UN bAZAR DE OBRAS
palabros









"Invierno reflejo"











          La sabana -que no la jungla- dormitaba tórrida tras el lánguido y cálido día, la calma la había dejado toda ella aletargada, aunque ahora la ligera brisa del ocaso despertaba vidas que aquella escondía.
          El gran felino abrió un ojo, sintió hambre, salió de caza.
          Un poco más allá se agazapó tras unos rastrojos, lo suficientemente altos como para ocultarle, lo suficientemente secos como para confundirle con el entorno.
          Esperó.
         Primero pasó un mensajero de SEUR, lo desechó por soso, por flaco; luego fue un repartidor de TELEPIZZA, con su escúter Peugeot, desesperado; éste le apeteció. Se abalanzó sobre la pobre bestia y, con un golpe certero de su garra, lo derribó al duro asfalto. Luego le hincó las fauces en la carótida y esperó a que exhalase su última y frágil resistencia, después lo arrastró hasta la sombra de una sabina y satisfizo su hambre, pero se encontraba asténico y le sobró más de la mitad.
          Lástima.
          Más de la mitad de aquel manjar no le apeteció, se había contentado con picotear un poco del mozalbete, pero pronto se había saciado. Pensó: "Lo voy a envasar, al vacío, en aceite vegetal. le pondré conservantes, excipientes y algo de colorante E-236, y luego le venderé." Y así fue como el león aquel comenzó una nueva carrera feroz que lo llevaría con el tiempo y tenacidad a ser el rey de la selva -que no de ninguna sabana-.
          Ahora su empresa de denomina www león punto com.



















Sobre la tenacidad y el tiempo, 2015.








Fotografías, título y texto "león", extraído de "Además", de enriqueponce.




sábado, 7 de marzo de 2015

"Nubla cencellada"






CronoCromos
palabros





"Nubla cencellada"







(Dijo señalando aquella:)
-Póngame un cuarto de esta felicidad.
-Lo siento, no se sirve por partes.
-¿Pq?.
-Es importada, es especial; perteneció a un señor cualquiera.
-Empero tiene buen color.
-Y de sabor: inmejorable¡.
-Y ¿de esta otra, podría vd. pesarme un montón?.
- Por supuesto, aunque tendrá que llevársela vos mismo a casa; nuestro patrón no nos permite tocarla por si nos contagiare o contagiase.
-Pues entonces no me apetece, no la deseo. Busco algo usado, ajado por las caricias, con garantías de costumbre y efectividad.
-De eso no tenemos, pero puedo servirle unas mollejas de alguien que llegó al fin sin ninguna queja.
-Y eso ¿de qué me sirve?.
-De nada, pero menos da un pan de ayer.
-Sí, claro, eso sí, aunque yo busco felicidad con origen y denominación.
-Si no queda satisfecho siempre puede continuar hasta el almacén siguiente.
-Ya, incluso a contra-reembolso la consigo a veces, pero no es lo mismo que antes catarla, pues luego háylas ocasiones en que no se ajusta la gana.
-Y ¿por qué no pide a algún ingeniero de esos que le proyecte una a su medida?.
-¿Conoce vd. alguno de confianza?.
-No.
-Claro, lo mismo me pasa a mi, no me fío de nadie.
-Tal vez si se lleva un poco de ésta y la sazona con una pizca de alguna pena tal vez entonces tal vez nadie se dé cuenta.
-No sé, ya una vez se me quedó un regusto a prurito habano que más bien no me sé.
-Estadísticamente es un vd. un cliente entre muchos, pero le bajaré aquella alegría vieja de la estantería de los rechazados, más que nada para que la vea.
-No, no se preocupe, soy más bien de los resignados, así que póngame cualquier cosa debajo del brazo y marcharé callado.
-Faltaría más. Aún no he dejado a ningún compulsivo comprador insatisfecho.
-Le creo le creo, pero es que yo me soy muy mío y no me dejo querer así como así.
-Mire vd.: coja esta papilla de ilusión y restriéguesela en los párpados por dos horas y verá como poco a poco todo vuelve a la normalidad.
-No, si yo normal no deseo ser, lo que quiero es ser feliz.
-¡Oh, claro!, por eso el producto contiene estabilizantes y falacias como la E-233.
-Y ¿dice vd. que no provoca alergias?.
-Alto, ninguna ninguna nunca se puede decir, pero en el placer que da cuando da nostalgia no hay quien la supere.
-Pues mire, de ella ya poseo un montón y no quiero más, me conformo con que me permita olvidar.
-Eso le saldrá más caro, pues contiene extracto de especie en extinción.
-¡Haberlo dicho antes hombre!, póngame dos.
-Ha tenido suerte esta vez, está de oferta y por la compra del par regalamos un pase.
-¿Para qué?.
-Para nada, pero ¿no va a rechazar lo gratuito así como así, así sin razón, verdad?.
-No no, me lo llevaré, aunque ya no sé dónde poner tanto todo como tengo.
-Le puedo ofrecer cajones y bolsillos.
-¿Vacíos?.
-O llenos.
-Póngame tres.
-¿Se los envuelvo?.
-¿Pesan mucho?.
-La última vez que los vi no, nada.
-¿Le puedo pagar a plazos de abrazos?.
-Lo siento, esa tarjeta no cotiza.
-Vaya, pues me dejé las mentiras en mi hogar.
-Está bien, no se preocupe, váyase y no vuelva.
-Y ¿qué será de mi felicidad?.
-¡Y yo que me sé!. El siguiente por favor.
(Dijo haciendo un gesto con el dedo índice).





























Entre niebla y cencella, 2014.








Fotografía y cuento "felicidad", extraído de "Además", de enriqueponce.