domingo, 15 de diciembre de 2019

"Trent Parke"






BLOg DE NOTAS





Trent Parke
Australia, 1971



Fotografía bajada de la red.





















          "-¿Qué existencia podría ser más brillante que la mía? -continuó, y su mirada se animó-. Es usted joven, tiene las ideas de su sangre, ve caras de mujer en sus tizones, yo no veo más que carbones en los míos. Cree usted en todo, yo no creo en nada. Conserve sus ilusiones, si puede. Le voy a explicar los desengaños de la vida. Tanto si viaja usted como si se queda en un rincón de su chimenea con su mujer, llega siempre una edad en que la vida no es sino una costumbre ejercida en cierto ambiente preferido. La felicidad consiste entonces en el ejercicio de nuestras facultades aplicadas a realidades. Fuera de estos preceptos, todo es falso. Mis principios han variado como los de los hombres, he tenido que cambiarlos en cada latitud. Lo que Europa admira, Asia lo castiga. Lo que es un vicio en París, es una necesidad cuando se pasan las Azores. No hay nada fijo aquí abajo, sólo existen convenciones que se modifican según los climas. Para el que se ha arrojado por necesidad en todos los moldes sociales, las convicciones y las morales ya no son más que palabras sin valor. Queda en nosotros el único sentimiento verdadero con el que la naturaleza nos ha dotado: el instinto de conservación. En las sociedades europeas de ustedes, este instinto es llamado interés personal. Si hubiera vivido tanto como yo sabría que no hay más que un solo objeto material cuyo valor sea bastante seguro para el hombre que se ocupa de él. Este objeto... es el ORO. El oro representa todas las fuerzas humanas. He viajado, he visto que por todas partes había llanuras y montañas; las llanuras aburren, las montañas cansan; los lugares no significa, pues, nada. En cuanto a las costumbres, el hombre es el mismo por todas partes; por todas partes está el combate entre el pobre y el rico, por todas partes es inevitable; por lo tanto, es mejor ser el explotador que ser explotado; por todas partes hay gente musculosa que trabaja y gente linfática que se atormenta; por todas partes los placeres son los mismos, pues lo sentidos se agotan, y sólo les sobrevive un sentimiento, ¡la vanidad! La vanidad es siempre el yo. La vanidad solamente se satisface con oleadas de oro. Nuestras fantasías exigen tiempo, medios físicos o cuidados. Pues bien, el oro lo contiene todo en germen y lo da todo en realidad. Sólo los locos o los enfermos pueden encontrar placer en barajar las cartas todas las noches para saber si ganarán algunas monedas. Sólo los tontos emplean su tiempo en preguntarse lo que ocurre, si la señora de tal se ha acostado en su canapé sola o en compañía, si tiene más sangre que linfa, más temperamento que virtud. Sólo las personas engañadas pueden creerse útiles a sus semejantes ocupándose en trazar principios políticos para gobernar acontecimientos siempre imprevistos. Sólo los ingenuos pueden encontrar placer en hablar de los actores y en repetir sus palabras, en dar todos los días, en un espacio más grande, el paseo que da un animal por su jaula; en vestirse para los demás, en comer para los demás; en vanagloriarse de un caballo o de un coche que el vecino sólo puede conseguir tres días después de ellos. ¿No es ésta la vida de sus parisienses traducida en algunas frases? Veamos la existencia de una forma más elevada que la ven ellos. La felicidad consiste o en emociones fuertes que desgastan la vida, o en ocupaciones reguladas que hacen de ella una máquina inglesa funcionando por espacios regulares. Por encima de estas felicidades existe una curiosidad, supuestamente noble, por conocer los secretos de la naturaleza o por obtener cierta imitación de sus efectos. ¿No es, en dos palabras, el Arte y la Ciencia, la Pasión o la Calma? Pues bien, todas las pasiones humanas, aumentadas por el juego de los intereses sociales, vienen a alardear delante de mí que vivo en calma. Y sustituyo la curiosidad científica, especie de lucha en la que el hombre es siempre inferior, por la penetración de todos los resortes que hacen moverse a la Humanidad. En una palabra, poseo al mundo sin fatiga y el mundo no tiene el menor poder sobre mí.















Fotografías, de la serie "La cámara es Dios", de Trent Parke.
Texto, extraído de "Gobseck", de Honoré de Balzac.






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