sábado, 5 de diciembre de 2020

"Man Ray"








LOS CAZADORES deMENTES






Man Ray (Emmanuel Radnitzky)
Filadelfia, EEUU. 1890-1976





Autorretrato.







"Fotografío las cosas que no quiero pintar,
cosas que ya existen."













"Le violon d'Ingres"
1924
Marquise Casati
1922







Helen Tamiris
1929

Lee Miller
1929
"Larmes de verre"
1932

"Juliet et Margaret"

"Noir et blanc"
1926



"Écriture d'espace"
1935


Lascaux o el Nacimiento del Arte


Georges Bataille:  <<Los hombres de la Edad del Reno, en particular de Lascaux, utilizaron por cierto un procedimiento que emplean los australianos de hoy, que consiste en introducir un polvo coloreado en un tubo vacío y soplar. Así se procedía para obtener las manos que en el conjunto de las grutas, son bastante numerosas: se aplicaba la mano sobre la pared y se soplaba alrededor. En Lascaux la utilización de este procedimiento estaba generalizado por los colores informes.>>

          En Lascaux, es decir, en el <<origen>> histórico de la pintura, se procedía generalmente por medio de esta técnica primitiva, emparentada con el calco y la huella, del <<molde>>. La relación indicial de proximidad y de contigüidad física entre el signo (la mano pintada) y su objeto (su causa: la mano a pintar) no puede ser aquí más estrecha, más directa, más aplicada (<<se aplicaba la mano>>). La imagen obtenida es literalmente una huella, una transposición, el vestigio de una mano desaparecida que ha estado allí. Se observará que, en su proceso, esta técnica implica a la vez la presencia de una pantalla que sirve de soporte de inscripción (el muro) así como la proyección (que opera bajo la modalidad de soplo), originada (el tubo como agujero y como hogar) de una materia (el polvo) que deberá a la vez colorear, dibujar y fijar el todo. El resultado, la imagen de un contorno por contacto, aparece así como una sombra proyectada, pero una sombra en negativo, figura en blanco, como hueco, vaciada, pintura no pintada (<<se soplaba alrededor>>) obtenida por sustracción, por preservación de un espacio virgen correspondiente a la zona que estaba exactamente recubierta por el referente. Lo presentimos: ya es de una cierta manera todo el dispositivo de la fotografía. Las manos con molde de Lascaux son también exactamente comparables a esa especie de foto (que no hace sino explicar la ontología de toda fotografía) que Man Ray llamó <<Rayografías>> y Moholy-Nagy <<Fotogramas>> (...): fotografías realizadas sin cámara fotográfica, colocando objetos opacos y traslúcidos directamente sobre el papel sensible, exponiendo el conjunto así compuesto a la luz y revelando el resultado. No hay aquí espacio para la mímesis (con frecuencia se ha calificado a estas fotos como <<composiciones abstractas>>); sólo importan el principio del depósito del objeto sobre el soporte y la proyección de una luz que dejará virgen, a su imagen, la parte del soporte cubierta por el objeto; la semejanza se borra ante la imperiosa necesidad de la contigüidad.



"Rayografías"

"Les mains"
1966





Fotografías y cita de Man Ray.
Texto, extraído de "El acto fotográfico", de Philippe Dubois.


"Main et fleur"
1935


miércoles, 25 de noviembre de 2020

"Crónicas Marcianas"

CronoCromos






          Anotación número 1.

          SÍNTESIS: Una reseña periodística. El escrito más inteligente. Un poema.

          Dentro de ciento veinte días quedará totalmente terminado nuestro primer avión-cohete Integral. Pronto llegará la magna hora histórica en que el Integral se remontará al espacio sideral. Un milenio atrás, vuestros heroicos antepasados supieron conquistar este planeta para someterlo al dominio del Estado único. Vuestro Integral, vítreo, eléctrico y vomitador de fuego, integrará la infinita ecuación del Universo. Y vuestra misión es la de someter al bendito yugo de la razón todos aquellos seres desconocidos que pueblen los demás planetas y que tal vez se encuentren en el incivil estado de la libertad. Y si estos seres no comprendieran por las buenas que les aportamos una dicha matemáticamente perfecta, deberemos y debemos obligarles a esta vida feliz. Pero antes de empuñar las armas, intentaremos lograrlo con el verbo.
          En nombre del Bienhechor, se pone en conocimiento de todos los números del Estado único:
          Que todo aquel que se sienta capacitado para ello, viene obligado a redactar tratados, poemas, manifiestos y otros escritos que reflejen la hermosura y la magnificencia del Estado único.
          Estas obras serán las primeras misivas que llevará el Integral al Universo.
          ¡Estado único, salve! ¡Salve, Bienhechor!... ¡Salve, números!
          Con las mejillas encendidas escribo estas palabras. Sí, integraremos esta igualdad, esta ecuación magnífica, que abarca todo el cosmos. Enderezaremos esta línea torcida, bárbara, convirtiéndola en tangente, en asíntota. Pues la línea del Estado único es la recta. La recta magnífica, sublime, sabia, la más sabia de todas las líneas.
          Yo, el número D-503, el constructor del Integral, soy tan sólo uno de los muchos matemáticos del Estado único. Mi pluma, habituada a los números, no es capaz de crear una melodía de asonancias y ritmos. Solamente puedo reproducir lo que veo, lo que pienso y, decirlo más exactamente, lo que pensamos NOSOTROS, ésta es la palabra acertada, la palabra adecuada, y por esta razón quiero que mis anotaciones lleven por título NOSOTROS.
          Estas palabras son parte de la magnitud derivada de nuestras vidas, de la existencia matemáticamente perfecta del Estado único. Siendo así, ¿no han de trocarse por sí solas en un poema? Sí han de trocarse en un poema. Lo creo y lo sé.
          Escribo estas líneas y las mejillas me arden. Experimento con toda claridad un sentimiento acaso análogo al que debe de invadir a una mujer cuando se da cuenta, por primera vez, del latido cardíaco de un nuevo y aún pequeñísimo ser en su vientre. Esta obra - que forma parte de mí, y sin embargo yo no soy ella - durante muchos meses habré de nutrirla con la sangre de mis venas, hasta que pueda darla a luz entre dolores y brindarla luego al Estado único.
          Pero estoy dispuesto, como cualquiera de nosotros, o casi cada uno de nosotros.

























Texto, extraído de "Nosotros", de Yevgueni Zamiatin.
Fotografías tomadas por la Cámara HiRISE (High-Resolution Imaging Science Experiment) 
desde el Mars Reconnaissance Orbiter (MRO), 
difundidas desde el canal de "Crónicas Marcianas" en YouTube, y editadas por enriqueponce.





domingo, 15 de noviembre de 2020

"Cristóbal Hara"







BLOg DE NOTAS





Cristóbal Hara
Madrid, 1946



Fotografía bajada de la red.














"Un país imaginario"


"Día de San Antonio"



          En este país... Esta es la frase que todos repetimos a porfía, frase que sirve de clave para toda clase de explicaciones, cualquiera que sea la cosa que a nuestros ojos choque en mal sentido. ¿Qué quiere usted? decimos, ¡en este país! Cualquier acontecimiento desagradable que nos suceda, creemos explicarle perfectamente con la frasecilla: ¡Cosas de este país!, que con vanidad pronunciamos y sin pudor alguno repetimos.
          ¿Nace esta frase de un atraso reconocido en toda la nación? No creo que pueda ser este su origen, porque solo puede conocer la carencia de una cosa el que la misma cosa conoce: de donde se infiere que si todos los individuos de un pueblo conociesen su atraso, no estarían realmente atrasados. ¿Es la pereza de imaginación o de raciocinio, que nos impide investigar la verdadera razón de cuanto nos sucede, y que se goza en tener una muletilla siempre a mano con que responderse a sus propios argumentos, haciéndose cada uno la ilusión de no creerse cómplice de un mal, cuya responsabilidad descarga sobre el estado del país en general? Esto parece más ingenioso que cierto.
          Creo entrever la causa verdadera de esta humillante expresión. Cuando se halla un país en aquel crítico momento en que se acerca una transición, y en que, saliendo de las tinieblas, comienza a brillar a sus ojos un ligero resplandor, no conoce todavía el bien, empero ya conoce el mal, de donde pretende salir para probar cualquier otra cosa que no sea lo que hasta entonces ha tenido. Sucédele lo que a una joven bella que sale de la adolescencia: no conoce el amor todavía ni sus goces; su corazón, sin embargo, o la naturaleza, por mejor decir, le empieza a revelar una necesidad que pronto será urgente para ella, y cuyo germen y cuyos medio de satisfacción tiene en sí misma, si bien los desconoce todavía; la vaga inquietud de su alma, que busca y ansía, sin saber qué, la atormenta y la disgusta de su estado actual y del anterior en que vivía; y vésela despreciar y romper aquellos mismos sencillos juguetes que formaban poco antes el encanto de su ignorante existencia.
          Este es acaso nuestro estado, y este, a nuestro entender, el origen de la fatuidad que en nuestra juventud se observa: el medio saber reina entre nosotros; no conocemos el bien, pero sabemos que existe y que podemos llegar a poseerle, si bien sin imaginar aún el cómo. Afectamos, pues, hacer ascos de lo que tenemos, para dar a entender a los que nos oyen que conocemos cosas mejores, y nos queremos engañar miserablemente unos a otros, estando todos en el mismo caso.
          Este medio saber nos impide gozar de lo bueno que realmente tenemos, y aun nuestra ansia de obtenerlo todo de una vez nos ciega sobre los mismos progresos que vamos insensiblemente haciendo. Estamos en el caso del que, teniendo apetito, desprecia un sabroso almuerzo con la esperanza de un suntuoso convite incierto, que se verificará, o no se verificará, más tarde. (...)
          (...)
          Cuando oímos a un extranjero que tiene la fortuna de pertenecer a un país donde las ventajas de la ilustración se han hecho conocer con mucha anterioridad que en el nuestro, por causas que no es de nuestra inspección examinar, nada extrañamos en su boca, si no es la falta de consideración y aun de gratitud que reclama la hospitalidad de todo hombre honrado que la recibe; pero cuando oímos la expresión despreciativa que hoy merece nuestra sátira en bocas de españoles, y de españoles, sobre todo, que no conocen más país que este mismo suyo, que tan injustamente dilaceran, apenas reconoce nuestra indignación límites en que contenerse.
          (...)
          Borremos, pues, de nuestro lenguaje la humillante expresión que no nombra a este país sino para denigrarle; volvamos los ojos atrás, comparemos y nos creeremos felices. Si alguna vez miramos adelante y nos comparamos con el extranjero, sea para prepararnos un porvenir mejor que el presente, y para rivalizar en nuestros adelantos con los de nuestros vecinos. Solo en este sentido opondremos nosotros en algunos de nuestros artículos el bien de fuera al mal de dentro. Olvidemos, lo repetimos, esa funesta expresión que contribuye a aumentar la injusta desconfianza que de nuestras propias fuerzas tenemos. Hagamos más favor o justicia a nuestro país, y creámosle capaz de esfuerzos y felicidades. Cumpla cada español con sus deberes de buen patricio, y en vez de alimentar nuestra inacción con la expresión de desaliento: ¡Cosas de España!, contribuya cada cual a las mejoras posibles. Entonces este país dejará de ser tan mal tratado de los extranjeros, a cuyo desprecio nada podemos oponer, si de él les damos nosotros mismos el vergonzoso ejemplo.














  






Fotografías y título de Cristóbal Hara.
Texto, extraído de "Artículos de costumbres", de Mariano José de Larra.